El fin de semana me encontré con una columna en el diario que tenía el mismo título que encabeza este post — sólo que en forma de declaración en vez de interrogación. Obviamente, todo lo que incluye “emprend…” en el título me llama la atención. Pero lo que me hizo empezar a leer fue la siguiente cita, destacada en el periódico:
“El sistema poco competitivo de muchas de nuestras áreas de negocios hace muy lejana la visión del éxito para la juventud. Aquí nadie cree posible quitarle el bastón de mariscal a los que ya existen.”
¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Al ser un emprendedor, te toca relacionarte con muchos otros emprendedores. Quizás por eso la muestra de mercado que manejas comprueba que hay muchos que creemos posible quitarle el bastón de mariscal a los que ya existen, o ir a plantar una bandera dónde nadie ha llegado. Pero definitivamente no es un reflejo de la realidad.
No puedo estar más de acuerdo con su frustración por la imagen negativa que tiene en Chile ser exitoso económicamente. Siempre me ha parecido ridículo. Hasta China tiene una visión más capitalista que Chile. Allá su himno nacional los incita al progreso, al trabajo y al éxito económico — hacerse ricos. Los empuja a emprender.
Destaco de su columna y concuerdo con que la responsabilidad no es sólo del Estado — aunque el SII es un monumento a la burocracia. Cada día creo que el Estado debe ser más pequeño y eficiente.
También concuerdo que las grandes empresas son abusivas y menos humanizadas. Pero creo que esa ineficiencia y mal servicio, incitan más a desarrollar una alternativa más justa y mejor, que a frenar el emprendimiento. Algunas veces creando cooperativas de emprendedores que les pueden hacer el peso.
Eso si, a mi parecer la materia prima de la innovación en Chile es considerable y se está renovando con cada generación. Me toca trabajar con jóvenes que aún están en el colegio y ya tiene pequeños proyectos comerciales, proyectos de tiempo libre pero con gran potencial. Yo mismo empecé a trabajar a los 16 años, en el colegio, tal como lo hicieron algunos de mis amigos. Pero entiendo que su declaración es más una invitación a demostrar de que somos capaz, que una falta de conocimiento por lo que está sucediendo en otros colegios y universidades — especialmente en industrias que no involucran nuestros recursos naturales.
A continuación, los invito a leer la excelente columna de opinión publicada por César Barros en La Tercera, economista y presidente de SalmonChile, la asociación de productores de salmón de Chile.
El difícil emprendimiento en Chile
César Barros — La Tercera — Domingo 22 de junio 2008
Me han quedado dando vueltas por la cabeza algunas opiniones críticas sobre el modelo chileno, y quisiera mezclarlas con el “gran-gran” tema de la innovación en Chile. El Estado chileno está disponible, al parecer, para hacer un enorme esfuerzo financiero en innovación: clusters, consorcios, plan Chile-California… Pero poco se va a sacar con ese gasto si la materia prima de la innovación en Chile es casi inexistente, y la poca que hay, envejece en forma inexorable.
¿Cómo vamos a tener jóvenes innovadores, cuando escolares y universitarios en Chile quieren hacer desaparecer “el lucro”?, palabreja peyorativa, que singifica — ni más ni menos — que el derecho a ganarse unas lucas arriesgando capital y talento, por encima de un seguro sueldo fijo. ¿Cómo vamos a formar emprendedores, cuando sus maestros de escuela odian el concepto empresarial? ¿Cómo van a ser ejemplo de la juventud quienes son permanentemente tildados por políticos importantes de “chupasangres” y otras lindezas?
Sin embargo, aquí me hago cargo de las opiniones de Landerretche y Cruz Valdés, respecto de las culpas del propio sector privado chileno en el desprestigio de la actividad empresarial.
Una de las reglas de oro del ejército de Napoleón, que le daba a cada soldado una fuerte razón para el heroísmo, es que cada uno llevaba en su mochila un bastión de mariscal: Era símbolo de la meritocracia. El signo sensible de lo que se podía lograr. Y ejemplos no faltan: Soult, Murat, Masséna, Bernadotte, Ney y Berthier. Todos hombres del pueblo que habían llegado a la cúspide por su valentía y talento.
En Chile, un joven emprendedor, no solamente se las tiene que ver con un sistema bancario que lo primero que le pide son sus tres primeros balances auditados y las ventas de cinco. Para un crédito hipotecario, un contrato de trabajo y sus liquidaciones de sueldos y de impuestos: Todas “pedidas” imposibles de realizar por un empresario que recién parte. Y si llega a quebrar, queda convertido — por obra y gracias de una ley decimonónica — en un paria empresarial empresarial y social. El fracaso es parte de las reglas del juego del emprendimiento.
Y para agregar insultos a las injurias, quienes muchas veces aparecen como “ángeles” o protectores, les terminan robando sus proyectos, que tienen que ser vendidos a vil precio por falta de capital o de “resistencia financiera” de los emprendedores jóvenes.
El sistema poco competitivo de muchas de nuestras áreas de negocios hace muy lejana la visión del éxito para la juventud. Aquí nadie cree posible quitarle el bastón de mariscal a los que ya existen. Desde hace mucho tiempo que el empresario ha dejado de buscar con ahinco más competencia. En cambio, se deja estar para seguir gozando de un estado de cosas más o menos “remolón”, pero seguro. He escuchado, de voces influyentes, que este es el mejor de los mundos. Que le tendrían pavor a un reinado de derecha, que se volviera inmanejable, competitivo y, sobre todo, impredecible: Que están contentos con las cosas tal como son ahora.
Y por otro lado, están nuestras industrias más masivas en la población, con sus pésimos servicios: ¿Han tratado de cambiar el TAG cuando se compran un auto nuevo? ¿Han tratado de cambiar una polera defectuosa, en algún retail? ¿O cuando se cambian de casa o departamento, de cesar su conexión el TV cable, el teléfono u otro servicio? ¿O revertir un cobro mal hecho por un banco, o cobrar el reembolso de una isapre? ¿Cuanto se demoran en arreglarle algún defecto en su conexión al celular?
Para qué decir del trato de las grandes empresas a sus proveedores pequeños o medianos: Mientras más chicos, peor el trato, y más dura la negociación y sus términos. Hay empresas grandes, en que si algún proveedor factoriza, lo cambian de clasificación o simplemente lo terminan. Y los emprendedores normalmente parten como proveedores de los más grandes. Para qué les digo las dificultades para reprogramar un crédito cuando las cosas se ponen duras: Más vale contratar al tiro un buen experto.
Y esto no es culpa del sector público. Son malas costumbres de las empresas privadas, en particular de aquellas “reguladas”, que por no poder subir sus precios devalúan el servicio a sus clientes. Otras, porque su tamaño les permite abusar de su condición.
Así, durante el día, los niños escuchan a sus profesores desprestigiar “el lucro”. El domingo escuchan a los clérigos diciendo lo mismo. Y en la tarde y en la noche a sus padres quejándose por el mal servicio de las empresas privadas. Y, si a pesar de todo eso, deciden emprender, el sistema será esquivo con ellos: Sin créditos, sin verdaderos “ángeles”, y con malos clientes. Toda una hazaña.
César Barros — La Tercera — Domingo 22 de junio 2008