Hace un par de semanas di una conferencia en la que me tocó hablar justo antes de una persona llamada Sergio Melnick. Yo había escuchado su nombre varias veces pero no lo conocía. En su presentación mencionó muchas cosas, pero hubo un término que me llamó especialmente la atención: La hiperconectividad. Aunque no lo abordó en profundidad, la pura mención fue suficiente para ser la mejor definición de muchas de las cosas que están sucediendo. No, no se refería al termino médico utilizado para describir las neuronas creando excesivas conexiones dentro del cerebro causando afecciones como esquizofrenia o convulsiones epilépticas. Se refería al fenómeno en redes de computadores en que todas las cosas que pueden o deben comunicarse en red van a comunicarse en red. No se preocupen si no entendieron nada, para eso estamos aquí.
La hiperconectividad era inevitable. Por un lado las diferentes innovaciones tecnológicas nos han traído nuevas vías de comunicación: Telefonía, videoconferencias, e-mail, mensajes de texto y una infinidad de servicios web que permiten comunicación, como Twitter, Facebook, o YouTube. Por otro lado otras innovaciones tecnológicas nos han traído nuevos dispositivos que nos permiten utilizar estas nuevas vías de comunicación en todo lugar, desde nuestros teléfonos, pasando por computadores de todas las formas y colores, hasta vehículos y televisores.
La hiperconectividad conecta todo con todo. Aunque el término se refiere inicialmente a una interconexión entre máquinas, el efecto también aumenta la frecuencia de conexiones entre los seres humanos.
Andando en taxi en Santiago le mando un email desde mi iPhone a mi mejor amiga que vive en Nueva York. A los pocos instantes tengo una respuesta escrita desde su BlackBerry mientras ella camina por Brooklyn. Mientras escribo esta columna sentado en mi oficina de Providencia, un compañero de trabajo sentado al otro lado de la oficina me hace una pregunta técnica por mensaje instantáneo y yo le doy la respuesta sin distraerme ni alejarme de la acción que estoy realizando en este momento. Mi polola me manda un e-mail con una linda foto que nos tomaron el fin de semana, yo le respondo con un mensaje de texto invitandola a almorzar, ella me responde con un llamado para que coordinemos la hora y el lugar. Después de varios meses viajando por Asia, mi hermana menor publica en Twitter que está disfrutando de Ko Phi Phi. Viendo que está conectada, le digo que nos encontremos en Skype para que me me muestre por videoconferencia la vista que está teniendo en Tailandia. Antes que termine el día laboral le mando un email colectivo a un grupo de amigos cercanos invitandolos a tomarse una cerveza en mi casa en un par de horas. La mayoría responde dentro de pocos minutos y nos coordinamos entre todos para encontrarnos cara a cara y reirnos un rato.
Eso es recién la punta del iceberg de la hiperconectividad. La verdadera hiperconectividad empieza cuando los mismos productos empiezan a comunicarse entre si. Un excelente y clásico ejemplo es el refrigerador avisandole a tu celular que la cantidad de leche disponible no va alcanzar para llenar el vaso que generalmente te tomas cada mañana. Otro más fascinante aún son todos los vehículos de la calle comunicando entre si su velocidad y posición, reaccionado a esa información y ayudando a evitar atochamientos y accidentes. Puedes reportar tu computador, celular o vehículo como robado y este inmediatamente desactivarse y declarar su ubicación exacta para que con la ayuda de la policía puedas recuperarlo. Cosas que hace un par de años hubiesen sonado a ciencia ficción y que hoy sabemos que llegarán en poco tiempo más. Hoy ya controlo la música que suena por los parlantes de mi casa remotamente desde mi celular, el mismo dispositivo con el que puedo continuar viendo la película que comencé a ver en la pantalla gigante.
Siempre me han fascinado las revistas y a lo largo del tiempo he estado suscrito a muchas, pero mientras más uso internet, menos veo revistas. Aunque la vengo leyendo hace 12 años, en los últimos 8 años no me he perdido una sola edición de esta única revista. Hace un tiempo me enteré que su editor Chris Anderson, venía a Chile y que lo traía nada menos que Poder & Negocios, la revista donde publico esta columna. No pude entonces evitar escribir y mencionar como Anderson ha sabido liderar una de las revistas que mejor ha entendido explicar los cambios qué están sucediendo en el mundo. Wired es mi biblia.
¿Cómo acabamos la pobreza? Una pregunta que todo el mundo quisiera responder y resolver lo antes posible, pero no hay una respuesta fácil.


