Man on Wire

Man on Wire

Si crees que la imagen muestra a un hombre caminando sobre la cuerda floja entre las dos puntas de las Torres Gemelas del desaparecido World Trade Center en Nueva York, adivinaste bien. Cuando vi el trailer del documental Man on Wire hace un par de meses, no podía creer la historia. ¿Un ser humano realmente había burlado la seguridad de las Torres Gemelas en 1974 y tirado un cable precariamente entre los techos de ambos pisos 110 con la sola intención de realizar el acto casi suicida de caminar por un cable sobre un vacío a 420 metros de altura? Eran tan espectacular como difícil de creer. Este documental cuenta la historia de este acto artístico con olor a robo de banco. Ver el proceso que tuvo el equipo para que finalmente Phillipe Petit pudiese cumplir su sueño, mezclado con la historia del rascacielos más famoso del mundo, hace que este documental sea absolutamente imperdible. Por algo ganó el premio del público y del jurado a Mejor Documental en la última edición del Festival Sundance.

Un medio para todo y para todos

Al principio, sólo teníamos los gestos y la voz. Hoy nos comunicamos, informamos y entretenemos de tantas formas diferentes que Marshall McLuhan, acuñador del término “aldea global”, estaría gozando. Dijo muchas cosas sabias, pero hay una que me fascina especialmente: “Cada vez que llega un medio nuevo, el medio viejo se convierte en el contenido”. Que ganas que McLuhan hubiese podido ver lo que ha hecho internet, un medio que usa todos los medios viejos como contenido y que, más encima, hizo realidad la aldea global. Todo en una gran bola de hipermedios. Bueno, en realidad si lo vio, sólo que 25 años antes que sucediera.

Tal como dice McLuhan, las películas fueron el contenido de la televisión y las novelas, a su vez, fueron el contenido de las películas. Todos los medios nuevos se han alimentado de los antiguos. Pero hoy los medios digitales, y en especial la Web, han permitido que éstos se puedan mover en cualquier dirección, no sólo alimentándose del pasado. Ahora tenemos a la prensa haciendo radio, la radio haciendo televisión, y la televisión haciendo prensa. Tenemos a CNN escribiendo más que The New York Times, pero también tenemos a The New York Times haciendo mejores video podcasts que CNN.

La tecnología trajo un nuevo factor al juego, la interactividad. Uno de los primeros pasos hacia los hipermedios fue el control remoto. Le daba al espectador el poder para cambiar rápida y fácilmente a otro contenido. Era limitado y lineal, pero funcionaba. Eso aumentó la competencia, pero lamentablemente cuando tienes pocos canales, como en la limitada oferta de la televisión abierta, éstos terminan recurriendo a las emociones más populares para entretener a la masa: Sexo, acción y humor. Por suerte llegó la televisión por cable y satelital para mejorar la escasez de oferta, aumentando la cantidad de contenido cultural, informativo y de intereses especiales. Pero no fue suficiente.

El acceso a los medios aumentó y la audiencia se hizo más informada. Personas informadas tienen opinión. Y personas con opinión quieren expresarla, aunque sea de manera privada. Si el éxito de los medios viejos era hacer que los espectadores tuvieran un rol, ahora pueden tener el control, no sólo participando de los contenidos, si no que llegando incluso a ser los creadores de él. Si el control remoto era lineal y limitado, los hipervínculos son no secuenciales y virtualmente infinitos.

Cuando la Web llegó, inicialmente siguió la costumbre y utilizó a los medios viejos como contenido. El correo, la prensa, la televisión y la radio se hicieron digitales. Una nueva forma de entregar lo mismo de siempre. Pero en muchos casos este viejo contenido se entregaba de peor manera, la experiencia de ver televisión o escuchar radio por la Web era peor que hacerlo en un televisor o una radio. Pero eso no es culpa del medio, es culpa del dispositivo.

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On The Road Again

¿Se acuerdan de ese viaje por el Desierto de Atacama que hice junto a un equipo de National Geographic? Pues bien, era parte de la campaña de lanzamiento de una red social de viajes camineros creada por Chevrolet llamada On The Road Again (OTRA). Al momento de comenzar la campaña, OTRA no estaba al aire aún, por lo que simplemente se podían disfrutar los videos. Ahora ya se ha lanzado una versión beta del servicio, que permite comenzar a ver lo que quiere lograr Chevrolet. Como es la versión 0.2, todavía hay varias cosas que no funcionan de la mejor manera posible, pero ya es un servicio usable. Se pueden ver rutas en distintos países, con fotos y videos, así como la distancia en kilómetros de la ruta — todo esto integrado con los mapas de Google Maps. También cuando publiqué esos videos, al ser el primer bloguero en viajar, aún no subían los videos de los otros blogueros — ahora ya pueden disfrutar de todos los videos en el canal de YouTube de On The Road Again.

Hiperconectividad

Hace un par de semanas di una conferencia en la que me tocó hablar justo antes de una persona llamada Sergio Melnick. Yo había escuchado su nombre varias veces pero no lo conocía. En su presentación mencionó muchas cosas, pero hubo un término que me llamó especialmente la atención: La hiperconectividad. Aunque no lo abordó en profundidad, la pura mención fue suficiente para ser la mejor definición de muchas de las cosas que están sucediendo. No, no se refería al termino médico utilizado para describir las neuronas creando excesivas conexiones dentro del cerebro causando afecciones como esquizofrenia o convulsiones epilépticas. Se refería al fenómeno en redes de computadores en que todas las cosas que pueden o deben comunicarse en red van a comunicarse en red. No se preocupen si no entendieron nada, para eso estamos aquí.

La hiperconectividad era inevitable. Por un lado las diferentes innovaciones tecnológicas nos han traído nuevas vías de comunicación: Telefonía, videoconferencias, e-mail, mensajes de texto y una infinidad de servicios web que permiten comunicación, como Twitter, Facebook, o YouTube. Por otro lado otras innovaciones tecnológicas nos han traído nuevos dispositivos que nos permiten utilizar estas nuevas vías de comunicación en todo lugar, desde nuestros teléfonos, pasando por computadores de todas las formas y colores, hasta vehículos y televisores.

La hiperconectividad conecta todo con todo. Aunque el término se refiere inicialmente a una interconexión entre máquinas, el efecto también aumenta la frecuencia de conexiones entre los seres humanos.

Andando en taxi en Santiago le mando un email desde mi iPhone a mi mejor amiga que vive en Nueva York. A los pocos instantes tengo una respuesta escrita desde su BlackBerry mientras ella camina por Brooklyn. Mientras escribo esta columna sentado en mi oficina de Providencia, un compañero de trabajo sentado al otro lado de la oficina me hace una pregunta técnica por mensaje instantáneo y yo le doy la respuesta sin distraerme ni alejarme de la acción que estoy realizando en este momento. Mi polola me manda un e-mail con una linda foto que nos tomaron el fin de semana, yo le respondo con un mensaje de texto invitandola a almorzar, ella me responde con un llamado para que coordinemos la hora y el lugar. Después de varios meses viajando por Asia, mi hermana menor publica en Twitter que está disfrutando de Ko Phi Phi. Viendo que está conectada, le digo que nos encontremos en Skype para que me me muestre por videoconferencia la vista que está teniendo en Tailandia. Antes que termine el día laboral le mando un email colectivo a un grupo de amigos cercanos invitandolos a tomarse una cerveza en mi casa en un par de horas. La mayoría responde dentro de pocos minutos y nos coordinamos entre todos para encontrarnos cara a cara y reirnos un rato.

Eso es recién la punta del iceberg de la hiperconectividad. La verdadera hiperconectividad empieza cuando los mismos productos empiezan a comunicarse entre si. Un excelente y clásico ejemplo es el refrigerador avisandole a tu celular que la cantidad de leche disponible no va alcanzar para llenar el vaso que generalmente te tomas cada mañana. Otro más fascinante aún son todos los vehículos de la calle comunicando entre si su velocidad y posición, reaccionado a esa información y ayudando a evitar atochamientos y accidentes. Puedes reportar tu computador, celular o vehículo como robado y este inmediatamente desactivarse y declarar su ubicación exacta para que con la ayuda de la policía puedas recuperarlo. Cosas que hace un par de años hubiesen sonado a ciencia ficción y que hoy sabemos que llegarán en poco tiempo más. Hoy ya controlo la música que suena por los parlantes de mi casa remotamente desde mi celular, el mismo dispositivo con el que puedo continuar viendo la película que comencé a ver en la pantalla gigante.

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Vota por Ti

Obama - ChangeNo cabe duda que la reciente elección de Barack Obama para ser el próximo Presidente de los Estados Unidos de América es un evento histórico. Pero no me refiero a su raza ni su historia personal.

Por razones profesionales me tocó escuchar el discurso de aceptación de Obama en un hotel de Cancún. Sentado en la terraza, con las olas del Caribe de fondo, nada me distraía de lo que hablaba y como hablaba el flamante presidente electo. Su capacidad de oratoria es sobresaliente. Cautiva a su público y los tiene fijados en su persona. Nos entusiasma y motiva a ser liderados por ese personaje. Un personaje tan potente que incluso antes de ser nominado candidato, ya se había convertido en un icono popular.

Pero aunque para muchos parezca un ídolo distante, un elitista según otros, Obama logró que todos los que lo apoyaban sintieran que esta era nuestra candidatura. Este sería finalmente el gobierno de todos. La verdadera democracia.

El “gobierno de la multitud” que rezaba Platón y que nunca realmente llegó. Que todos tuvieran una voz y pudieran ser escuchados. Históricamente solo los más poderosos y privilegiados habían tenido la posibilidad y todos nos desencantamos con la política.

Pero en la campaña de Obama descubrieron la luz. Se dieron cuenta que el mundo había cambiado de la mano de la tecnología. Eliminaron los intermediarios y conectaron directamente a todos y cada uno de los que estaban interesados en apoyarlo. Les dieron una voz. Como nunca, los jóvenes, históricamente los menos interesados en política, reaccionaron en cantidades récord para participar en la posibilidad de construir un nuevo gobierno.

Crearon una comunidad en internet donde todos podían participar. La bautizaron “Mi Barack Obama” y entregaron todas las herramientas para ser parte de la campaña. Los ayudaron a coordinarse y hacer campaña voluntariamente dentro de sus comunidades.

Crearon diferentes grupos con los cuales el diverso universo humano se podía identificar personalmente. Latinos por Obama, Árabes por Obama, Homosexuales por Obama, Mujeres por Obama, Religiosos por Obama. Incluso recibió a los del bando contrario con el grupo de Republicanos por Obama. Hizo algo que nadie había hecho antes, dándole un espacio hasta a los niños menores de 12 años bajo la agrupación de Niños por Obama. Entre muchos otros.

Varias veces se ha hecho eco del capital monetario que fue capaz de recaudar gracias a su sitio web. Pero me parece mucho más interesante el capital intelectual que reunió.

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On The Road Again por el Desierto de Atacama

A principios de Octubre me llegó una invitación muy curiosa. Partir por unos días a San Pedro de Atacama, junto a un equipo de National Geographic, para grabar un “road trip” por el desierto que luego sería presentado tanto en el canal de televisión como en YouTube. Obviamente cualquier oferta que involucre viajar por paisajes alucinantes la acepto sin pensarlo dos veces y esta vez hice exactamente eso. Pero la oferta se puso mejor aún.

Chevrolet está lanzando una plataforma web llamada On The Road Again, que va a permitir que las personas compartan sus experiencias de viajes. Por eso contrato a McCann para que hiciera el lanzamiento. Su propuesta fue invitar a 6 blogueros de América Latina a realizar viajes mostrando ciertas partes de su país y luego que ellos mismos publicaran esos viajes en sus blogs y redes sociales. Para lograr mayor impacto aún, coordinaron con NatGeo, el canal de cable de National Geographic, para transmitir esos capítulos por televisión en todo Latinoamérica. Eso fue exactamente lo que pasó.

¿La mejor parte? Para mi al menos, que me fascinan los autos y adoro manejar, fue tener la oportunidad de manejar 1.600 kilómetros por los paisajes más alucinantes del Desierto de Atacama.

Durante las próximas 6 semanas, se irán publicando en el canal de YouTube de On The Road Again y serán transmitidos por NatGeo, los “webisodios” de cada uno de los blogueros. El programa comienza esta semana, con la transmisión de mi viaje por el norte de Chile. Luego continúa con Fabio Baccaglioni (Argentina), Inti Acevedo (Venezuela), Rafael Ziggy (Brasil), Rafael Bayona/Patton (Colombia), y un bloguero por definir en Ecuador.

La experiencia fue absolutamente espectacular. Para empezar el equipo de la productora Color9 y Ferosa, fue la mejor compañía de viaje que se podía esperar. Con el director Diego Silva Pintos (con quien nos hicimos grandes amigos), y junto a María, Ezekiel y Daniel, disfrutamos del más espectacular atardecer en el Valle de la Luna, gozamos recorriendo el pueblo arqueológico del Pukara de Quitor, nos impresionamos con el oasis que es Toconao, disfrutamos bañándonos en la Laguna Cejar, nos tiramos en sandboard en el Valle de la Muerte, nos emocionamos con los Geisers del Tatio, meditamos con el pueblo fantasma que es la Salitrera de Chacabuco y — mi favorito personal — tuvimos la oportunidad de conocer desde muy cerca el Observatorio Paranal. Todos esos links previos llevan a sus respectivos episodios en YouTube, son ocho en total.

Si ya han visitado esos lugares, estos videos les traerán buenos recuerdos. Si no han tenido la oportunidad, espero se entusiasmen y un día los conozcan.

Una experiencia alucinante y completamente inolvidable. Pueden ver todos los videos en On The Road Again o pillarlos durante los próximos 7 días en NatGeo. Dan ganas de viajar.

Wired: Mi revista favorita

Siempre me han fascinado las revistas y a lo largo del tiempo he estado suscrito a muchas, pero mientras más uso internet, menos veo revistas. Aunque la vengo leyendo hace 12 años, en los últimos 8 años no me he perdido una sola edición de esta única revista. Hace un tiempo me enteré que su editor Chris Anderson, venía a Chile y que lo traía nada menos que Poder & Negocios, la revista donde publico esta columna. No pude entonces evitar escribir y mencionar como Anderson ha sabido liderar una de las revistas que mejor ha entendido explicar los cambios qué están sucediendo en el mundo. Wired es mi biblia.

Wired fue fundada en 1993 por un equipo que incluía a Nicholas Negroponte, Kevin Kelly y John Battelle. Inmediatamente destacó del resto de revistas por su visión utópica del futuro — sin caer en futurología — y su cobertura del lado social y cultural de la ciencia y la tecnología. Personalmente fue inmediatamente una favorita. Pero en 1998 ya no quedaba casi nadie del equipo original y la revista cambió varias veces de manos hasta llegar a CondéNast. Acompañando la crisis del 2000, la revista pasó literalmente por una época de vacas flacas llegando a tener menos páginas que nunca. Pero todo cambió cuando llegó Chris Anderson en 2001.

Gracias al liderazgo de Anderson y al equipo que fue capaz de reunir, hoy la Wired está mejor que nunca. Recuperó su estilo liberal y utópico — y las tintas fluorescentes y metálicas de Plunkett+Kuhr. Empezó a tener portadas experimentales, unas con tintas térmicas, otras con la foto y mapa del propio suscriptor cubriendo todo su frente. Comenzó a poner titulares en portada que comentaban prácticas que habían surgido gracias a internet y que ahora se esparcían a otros ámbitos — el código abierto, la “cola larga” y el negocio de lo gratis. Muchos de estos artículos escritos por el propio Anderson, algunos incluso convirtiéndose en libros. El 2005 fue elegida la mejor revista de todo Estados Unidos y Anderson fue nombrado el editor del año — algo así como ganarse el Oscar a mejor película y mejor director, no hay mayor honor.

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