Legalice

Como todos los martes, esta es mi columna “Dos Punto Cero” que apareció publicada en el diario La Nación. Esta es la número 2:

Hace siglos las bibliotecas eran abiertas y públicas. Los gobiernos tenían libremente disponible para sus ciudadanos miles de textos, imágenes y grabaciones para consultas, investigación o entretención. Hoy la mayoría de las bibliotecas son privadas, frente a las cuales debes pagar por acceso. Lo mismo ocurre con bancos de imágenes o colecciones privadas.


Un día apareció Internet. Conectando información con información y personas con personas. La biblioteca más grande del mundo, donde cada uno puede aportar su cosecha personal a una piscina gigantesca en constante crecimiento. Uno puede obtener la canción que quiera, en el momento que quiera, pero lamentablemente el método más eficiente (las redes P2P o peer to peer), termina siendo ilegal. Uno puede obtener la película o programa de televisión, desde donde quieras, pero el método más eficiente de distribución (BitTorrent o multipeer to multipeer), termina siendo ilegal. Lo mismo pasa con el texto, la forma más eficiente de consumirlo (imprimirlo), muchas veces es ilegal.

Por mucho que intenten demonizarla organizaciones como la SCD en Chile o RIAA en EE.UU., la tecnología en sí no es ilegal, pero el contenido muchas veces lo es.

Estas organizaciones saben vender casetes, y discos, pero olvidaron que su trabajo era pasar el sombrero para los músicos. Vía Internet, iTunes Music Store de Apple y Napster usando tecnología de Microsoft, han sido relativamente exitosos en algunos países. Apple, con el 70% del mercado, ya ha vendido casi 500 millones de canciones por Internet en todo el mundo desde 2003. Pero todavía no tienen la solución: sus canciones, al igual que las de Microsoft, tienen encrustado una prevención de copia (DRM) que hace muy complejo transferir tus canciones cuando te cambias de computador o tienes más de uno. Eso hará que muchos usuarios empiecen a lentamente dejar de comprar, y volver a piratear. Sin considerar que su catálogo (1 millón de canciones) sigue siendo ínfimo comparado con las redes P2P. La tecnología existe, pero todavía no sabemos como aprovecharla. Muchos creyeron que la “nueva economía” era invertir millones en una PUNTOCOM que no ganaba plata, cuando en verdad lo “nuevo” que tiene es el medio en el que suceden las transacciones. Ahora nos falta descubrir como hacerlas legal.

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