Where is Chile?

En mi columna anterior hablé sobre “Santiago Valley”, y como estamos viendo que Chile se está convirtiendo en un foco de desarrollo tecnológico. O al menos desde aquí, eso es lo que parecía.

Poco después que escribí la columna donde me referí a varios emprendimientos tecnológicos locales, partí a Silicon Valley junto a los integrantes de algunos de esos proyectos. Los gastos de varios de ellos fueron financiados por Corfo en una “misión empresarial”, yo partí por mis propios medios debido a las torpezas de Corfo… pero eso es material para otra columna.

Estando allá se me abrieron los ojos y me di cuenta que aunque creemos estar cerca de ser un actor global relevante en el ámbito tecnológico, en realidad estamos muy lejos de lograrlo.

Aunque estando en Chile, escuchas y conoces a proyectos en internet que son líderes regionales y mundiales en sus áreas, sales del país y pocos han escuchado de ellos. Con suerte en América Latina y el Caribe algo saben de nuestro “liderazgo tecnológico”. Pero te embarcas hacia Estados Unidos y la ignorancia sorprende.

Para los empresarios tecnológicos en Silicon Valley — el corazón del desarrollo tecnológico mundial — América Latina se puede resumir en México, Brasil y Argentina. Del primero saben menos de lo que uno espera, considerando que un 15% de sus habitantes provienen de ese país. De Brasil saben que es grande y al menos saben dónde queda Argentina. Tuve la oportunidad de reunirme con inversionistas de un importante banco de inversión que me sorprendieron al preguntarme “Where is Chile?”. Un mal primer paso cuando estas buscando capital extranjero para proyectos locales.

Por suerte cuando les empiezas a dar cifras, tanto del país como de tus proyectos, su interés comienza a aumentar. El mercado hispano en Estados Unidos es uno de los más desatendidos, creciendo a un ritmo superior a cualquier otro idioma. Por otro lado el poder adquisitivo de los 420 millones de hispanohablantes en el mundo está aumentado. Esta combinación hace que exista interés de los “gringos” por el resto del continente.

Otra cosa que sorprendió, es que todos y cada uno de los inversionistas con los que hablamos, exigían que estuvieras ubicado a menos de 1 hora de distancia de su oficina. Nueva York para ellos es tan lejano como India. No importa que estés ubicado en Estados Unidos: Si no estás en Silicon Valley, no les interesa. Los proyectos en los que inviertan pueden ofrecer servicios remotos a una escala global, pero la empresa en la que invierten tiene que estar en el mismo valle.

Cuando piensan en mercados extranjeros de desarrollo tecnológico, piensan en China, India, Rusia y Europa Oriental. Nosotros ni siquiera estamos en el horizonte. Pero el hecho que hayan unos pocos chilenos dando vueltas por Silicon Valley, ha demostrado que están interesados en construir un puente. Pero el puente tiene que funcionar en ambos extremos.

El puente de este lado también requiere trabajo. Hablar con inversionistas en Chile sobre proyectos tecnológicos de alcance global es un desafío. Para empezar miran de reojo que un proyecto local pueda tener éxito global. Luego están preocupados del flujo de caja, el retorno a corto plazo y poder controlar el futuro de la compañía — cosas irrelevantes para los inversionistas norteamericanos, aunque inviertan 10 veces más.

A muchos les gusta apuntar al Gobierno y exigir mayor apoyo, sin embargo me parece que aquí hay que apuntar a los privados. Mientras en Estados Unidos, e incluso recientemente en Argentina, hay un ecosistema desarrollado de capital de riesgo e inversionistas ángeles, en Chile no existe.

Volví de Silicon Valley con la sensación que nos queda mucho por hacer. Debemos tener un mayor ecosistema de emprendedores tecnológicos, universidades entrenando talento especializado, y capital de riesgo interesado en proyectos tecnológicos. Sólo así quizás logremos que Chile se convierta en el foco de desarrollo tecnológico que esperamos.

Ésta es una columna que escribí para la revista Poder & Negocios en su edición de Mayo 2008.

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