Un medio para todo y para todos

Al principio, sólo teníamos los gestos y la voz. Hoy nos comunicamos, informamos y entretenemos de tantas formas diferentes que Marshall McLuhan, acuñador del término “aldea global”, estaría gozando. Dijo muchas cosas sabias, pero hay una que me fascina especialmente: “Cada vez que llega un medio nuevo, el medio viejo se convierte en el contenido”. Que ganas que McLuhan hubiese podido ver lo que ha hecho internet, un medio que usa todos los medios viejos como contenido y que, más encima, hizo realidad la aldea global. Todo en una gran bola de hipermedios. Bueno, en realidad si lo vio, sólo que 25 años antes que sucediera.

Tal como dice McLuhan, las películas fueron el contenido de la televisión y las novelas, a su vez, fueron el contenido de las películas. Todos los medios nuevos se han alimentado de los antiguos. Pero hoy los medios digitales, y en especial la Web, han permitido que éstos se puedan mover en cualquier dirección, no sólo alimentándose del pasado. Ahora tenemos a la prensa haciendo radio, la radio haciendo televisión, y la televisión haciendo prensa. Tenemos a CNN escribiendo más que The New York Times, pero también tenemos a The New York Times haciendo mejores video podcasts que CNN.

La tecnología trajo un nuevo factor al juego, la interactividad. Uno de los primeros pasos hacia los hipermedios fue el control remoto. Le daba al espectador el poder para cambiar rápida y fácilmente a otro contenido. Era limitado y lineal, pero funcionaba. Eso aumentó la competencia, pero lamentablemente cuando tienes pocos canales, como en la limitada oferta de la televisión abierta, éstos terminan recurriendo a las emociones más populares para entretener a la masa: Sexo, acción y humor. Por suerte llegó la televisión por cable y satelital para mejorar la escasez de oferta, aumentando la cantidad de contenido cultural, informativo y de intereses especiales. Pero no fue suficiente.

El acceso a los medios aumentó y la audiencia se hizo más informada. Personas informadas tienen opinión. Y personas con opinión quieren expresarla, aunque sea de manera privada. Si el éxito de los medios viejos era hacer que los espectadores tuvieran un rol, ahora pueden tener el control, no sólo participando de los contenidos, si no que llegando incluso a ser los creadores de él. Si el control remoto era lineal y limitado, los hipervínculos son no secuenciales y virtualmente infinitos.

Cuando la Web llegó, inicialmente siguió la costumbre y utilizó a los medios viejos como contenido. El correo, la prensa, la televisión y la radio se hicieron digitales. Una nueva forma de entregar lo mismo de siempre. Pero en muchos casos este viejo contenido se entregaba de peor manera, la experiencia de ver televisión o escuchar radio por la Web era peor que hacerlo en un televisor o una radio. Pero eso no es culpa del medio, es culpa del dispositivo.

Hasta la publicidad, la principal fuente de sustentación de los medios más populares, sufre una transformación. En el limitado pero masivo mundo del mínimo común denominador que rodea la televisión abierta, su publicidad es de tan baja calidad y utilidad como su contenido. Pero en el mundo de la diversidad y especificidad de las revistas, la publicidad puede ser de tan alta calidad y utilidad como su contenido, llegando incluso a convertirse en el contenido.

En ningún medio viejo realmente sabías quién era tu audiencia. Con encuestas o frágiles sistemas de medición podías tomar una muestra masiva y promediar, pero con internet puedes individualizar y saber exactamente quién te está viendo o escuchando, dependiendo del nivel de confianza que sienta el usuario y la cantidad de información personal que quiera compartir. Personalmente creo en la libertad de información y el libre consumo de los medios. Y como la distribución e infraestructura de operar un medio tiene altos costos, también creo que la publicidad respetuosa y bien dirigida es la mejor forma de financiamiento. No un cobro al usuario.

¿Un medio que me cobre por ver, por leer, por escuchar? Somos libres de ver y escuchar lo que queramos. Puedo cerrar los ojos, aún cuando haya pagado por ver una película. Tampoco me pueden obligar a ver publicidad, yo decido. Si la publicidad va a empeorar la experiencia de consumir un contenido, como en el caso del cine, en ese caso prefiero que me cobren un pago justo por evitar esa interrupción.

Si me tienen que cobrar por algo, me tienen que cobrar por participar. Que me cobren porque mi video aparezca en CNN, no por verlo. Que me cobren por publicar un aviso clasificado, no por buscarlo. Que me cobren por ver a Daft Punk tocando en vivo (o por tocar con ellos), no por escuchar una grabación de ellos tocando. Pero que me cobren sólo si es justo que lo hagan. Si el beneficio para el medio es mayor al costo, entonces deben hacerlo gratis. Sólo debe existir un cobro cuando el beneficio es mayor para el usuario y sólo si no puede ser reemplazado por publicidad no invasiva y relevante.

A medida que los dispositivos y la distribución para consumir el contenido sigan mejorando, vamos a terminar con un sólo hipermedio, con contenido de consumo libre, disponible en el lugar y de la forma que prefiramos: Internet. Qué ganas de saber qué opinaría McLuhan de todo esto.

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