Tan lejos, tan cerca

Hace un par de semanas, Telefónica Chile fue fuertemente criticado al lanzar un servicio residencial de banda ancha gratuito llamado “Banda Ancha Libre”. Las críticas se resumían, en pocas palabras, en que el servicio no era ni banda ancha, ni libre.

La idea detrás de Banda Ancha Libre es que tu compras el módem y lo conectas a una línea de telefonía fija de Telefónica Chile, e inmediatamente estás navegando gratuitamente a una velocidad de 300 Kbps, pero sólo por la reducida oferta de sitios web nacionales. Si quieres navegar a una verdadera banda ancha de 1 Mbps y a todo lo que Internet tiene para ofrecer, tienes que pagar CLP$ 1.500 (US$3) por día.

Las críticas se han centrado en el filtrado que la conexión gratuita hace con la navegación nacional e internacional, ya que sólo un puñado de los sitios más visitados por chilenos están en Chile. Decir que tienes conexión a Internet cuando no puedes acceder ni a un 1% de la información disponible, es como tener un teléfono con el que no puedes hacer llamadas.

El problema sacó a la luz un tema en lo que no pensamos mucho: Internet nacional e internacional. Porque sí, efectivamente existen dos. Internet nació en Estados Unidos y a medida que se fue internacionalizando, la mayoría de las conexiones apuntaban hacia ese país. Pero aunque mucha gente piensa que Internet llega por satélites, en realidad ese sistema es muy lento y caro.

La forma en que la mayoría de nuestros datos prefieren viajar, aunque usted no lo crea, es por gigantescos y extensos cables submarinos. Chile tiene dos puntos de enlaces principales hacia el resto del mundo. Un cable sale desde Santiago y otro desde Arica, y ambos paran en Lima y Panamá antes de continuar hasta Estados Unidos. Prácticamente todo lo que los chilenos vemos en Internet llegó por esa vía. Dentro del territorio chileno casi todos los proveedores de Internet están conectados entre sí y luego comparten las caras conexiones submarinas para salir al resto del mundo.

La razón por la cual no se ofrecen conexiones de banda ancha más rápidas en Chile es porque los proveedores tienen limitadas conexiones internacionales y no podrían garantizar altas velocidades a muchos clientes. Según TeleGeography, el 2008 se utilizó menos de un tercio de la capacidad de los principales enlaces submarinos. El precio de estos es tan alto que algunos proveedores nacionales han dicho que tendrían que cobrar casi 1.000 dólares mensuales para garantizar una conexión internacional de 10 Mbps a todos sus clientes.

En comparación, las conexiones nacionales son casi gratuitas para los proveedores. GTD, por ejemplo, ofrece conexiones nacionales de 100 Mbps por unos 350 dólares mensuales (lo que podemos traducir como 3.5 dólares por megabit). Telefónica se dio cuenta que podía aumentar su cartera de clientes al regalar la conexión nacional y cobrar por el uso internacional, donde realmente está su costo de conectividad.

A diferencia de la mayoría de las críticas, yo celebro la decisión de Telefónica. Primero por su valentía, no son muchas las empresas que ofrecen servicios gratuitos y menos experimentar con un modelo que no se ha probado en ninguna parte del mundo. Aunque concuerdo que no hay mucho que se pueda hacer con una conexión gratuita que permita ver sólo sitios nacionales, apuesto por el ingenio emprendedor. Más de alguno notará la oportunidad de ofrecer servicios nacionales para los usuarios gratuitos. De esta forma, se abre la posibilidad a la proliferación de un ecosistema de servicios nacionales. Incluso nosotros en Betazeta, que tenemos todos nuestros servidores en Estados Unidos, estamos analizando sistemas para que nuestros lectores nacionales puedan acceder a todo nuestro contenido si son usuarios gratuitos de este servicio.

Ahora, habiendo dicho eso, sí tengo reparos al servicio. El primero es que el servicio gratuito difícilmente puede ser llamado Banda Ancha. Según su definición oficial, este servicio entrega menos de un tercio de esa velocidad. El segundo es el requisito de tener una línea fija de Telefónica Chile, algo cada vez más difícil de encontrar y que limita la cobertura del servicio. Por ejemplo, en mi caso no puedo instalarlo ni en mi casa ni en mi oficina.

En un mundo ideal, un servicio gratuito de estas características sería distinto. Para empezar, debería ser entregado por un proveedor de Internet celular. De esa manera podrías utilizarlo en cualquier lugar con cobertura celular sin el requisito de tener una línea fija. Luego la conexión gratuita nacional debería ser de al menos 1 Mbps y la versión pagada permitir navegar internacionalmente sobre los 3 Mbps.

Sin embargo, todo esto me parece una ingeniosa solución temporal al problema más grande que tenemos: nuestra conexión al resto del mundo. Debido al alto costo del enlace internacional, no será pronto cuando tengamos verdaderas conexiones internacionales de alta velocidad a precios razonables.

Dieciséis millones de chilenos no es un mercado lo suficientemente grande para justificar una mayor inversión de enlaces submarinos. Nuestra ubicación geográfica con relación al resto del mundo también nos hace ser literalmente el final de la línea con los enlaces que llegan hasta nuestro país, lo que tampoco nos hace candidatos a ser puntos de interconexión hacia otros lugares. Mientras los países del hemisferio norte tienen múltiples conexiones entre ellos, nosotros todavía tenemos que usar el mismo enlace submarino antes mencionado, pasando por Panamá, Venezuela y Brasil antes de llegar a un sitio en Argentina, otro final de línea. Brasil ha optado por subvencionar enlaces internacionales para mejorar el acceso de sus habitantes hacia el resto del mundo, una opción que debemos considerar, así como mejorar las conexiones por tierra o mar con nuestros países vecinos.

Pero eso es material para otra columna.

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