Larga vida a Steve

Nunca escondimos en FayerWayer la admiración que le tuvimos a este señor, de hecho a veces fue tanta la cobertura que le dimos a él y sus inventos, que “AppleWayer” se convirtió en uno de los seudónimos de esa comunidad.

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No importa si eres fanático de Apple o si es una marca que te genera rechazo, la muerte de Steve Jobs es un momento triste para todos los verdaderos fanáticos de la tecnología. Era un personaje carismático y polémico, mientras algunos lo seguían con ciega devoción, ese nivel de fanatismo obsesivo hacía que otros no pudieran soportar leer su nombre. Pero es innegable la influencia que tuvo en todos los productos tecnológicos que hoy usamos, no sólo los de Apple.

Personalmente, la muerte de Jobs me produce el mismo nivel de tristeza que cuando murió Jacques Cousteau o Ayrton Senna. Personas que por diversas razones me causan admiración. Eran los mejores en lo que hacían y en el caso de Cousteau y Jobs, fueron los que inventaron la industria a la que le dedicaron sus vidas. Pero lo que más me marcaba, era que se dedicaban con pasión a lo que hacían.

Reconozco que fui fanático de Apple antes de ser fanático de Jobs.

Steve Jobs fue el tipo que inventó los artefactos que definieron mi vida profesional. Mucho antes que fuera “cool” tener un producto Apple, llegó a mi casa un Macintosh Classic II en 1992. Mi primera reacción fue de rechazo, mientras todos mis amigos tenían computadores “PC Compatibles”, yo tenía un “PC” que no era compatible y no me permitía compartir juegos con ellos. Pero mientras ellos tenían que controlar sus computadores con el teclado y sus pantallas mostraban gráfica de baja resolución, me di cuenta del beneficio de tener un computador que “simplemente funcionaba” (como diría El Jobso), con gráficos de alta calidad (para una pantalla monocromática), sonido de alta calidad (aunque fuera monofónico) y… un mouse! Era mucho más avanzado que cualquier cosa que ofreciera la competencia. Rápidamente me hice fanático y sin darme cuenta me convertí en un “evangelizador Apple”, tratando de convencer a cuanta persona me escuchara de olvidar los beneficios de ser “compatible” y apostar por un Mac.

Eran los años en que Jobs ni siquiera estaba relacionado a Apple, por lo que tampoco era su figura la que te acercaba a esa compañía. Pero Apple estaba construida sobre la base que él y Wozniak habían formado. Jobs fue el tipo que se dio cuenta que el “experimento” de interfaces gráficas y mouse que tenía Xerox en sus laboratorios, sería el futuro de la computación. Aunque fue Xerox quien lo inventó, fue Apple quien la puso a disposición del mundo. Luego, como todos sabemos, Microsoft siguió ese mismo camino así como todos los demás sistemas operativos. El hecho que fuera Apple quién siempre lideraba el camino de la computación, desde que lanzaron el famoso Apple II, “el primer computador personal”, fue razón suficiente para que nunca más dejara de ser fiel a esa marca.

Tuvieron que pasar muchos años hasta que ya no tuviera que convencer a nadie de las bondades del Mac, al nivel que hoy dejó de ser la marca rara y curiosa que tan sólo unos pocos usábamos, pasando a ser una plataforma masiva. De hecho, una de las razones por las cuales FayerWayer muchas veces es “AppleWayer”, nació porque aún en 2005 la mayoría de los medios simplemente no cubrían esta plataforma. Hoy es todo lo contrario, pero no por eso vamos a cambiar. De hecho el mismo nombre “FayerWayer” viene de “FireWire”, un protocolo de transmisión inventado por Apple.

Reconozco que fui fanático de Apple antes de ser fanático de Jobs. Cuando Steve Jobs volvió a Apple en 1996, esta empresa estaba en su peor momento. Rumores de que sería adquirida por Sun, Sony o IBM aparecían a diario. Aún así, Jobs venía llegando de ser el fundador de su otra compañía de computadores, NeXT, que nunca logró ser muy popular, por lo que personalmente no sabía si alegrarme o asumir la inevitable desaparición de mi plataforma preferida. Lo primero que hizo Jobs fue matar los “clones Mac” (si, en esa época habían “Mac” fabricados por otras marcas), cancelar la cámara fotográfica digital de Apple (QuickTake) e hizo desaparecer el primer “tablet” de la historia, el adelantado Newton. Para un adolescente de 15 años que no sabía mucho de nada, esto no hacía sentido. Incluso escribí una carta al diario preocupado que Apple dejara que Jobs volviera a ser el CEO (era joven y no sabía lo que hacía). Pero el tipo tenía un plan y como todos sabemos, funcionó mejor de lo que cualquiera hubiese podido imaginar.

Finalmente me convertí en un seguidor de Steve Jobs, pero nunca ciego. No siempre estuve de acuerdo con todo lo que hacía o decía. De hecho en un momento de frustración, el 2004 le escribí un enojado email a todas las posibles combinaciones de correos que podría tener Jobs. Uno de esos resultó ser su email de verdad y me respondió — mucho antes que se hiciera popular el hecho de que contestaba personalmente los correos de sus “clientes”. En ese correo, le escribí enojado porque habían anunciado una funcionalidad que básicamente era una copia de un software gratuito para Mac, algo que era “mal karma” (un término que el mismo usaba). Para mi sorpresa a los pocos minutos recibí una respuesta personalizada de tres o cuatros líneas donde me aclaraba que, según él, ese software a su vez era una copia de una antigua funcionalidad de Mac. Quién era yo para discutirle, tenía razón.

Nunca lo conocí en persona, pero si tuve la suerte de verlo en vivo y en directo en un par de ocasiones. La primera fue en un viaje a Nueva York en 2001, cuando la Apple todavía celebraba anualmente ahí la feria Macworld. Espere junto a 4.000 personas a las 7 AM afuera del centro de convenciones para entrar corriendo y tratar de conseguir un buen asiento para ver al Señor Jobs hacer una de sus emblemáticas presentaciones “Keynote”, en vivo y en directo. Como en un concierto de rock masivo, efectivamente vi a Jobs hacer su magia sobre el escenario, pero desde mi asiento era más pequeño que un micromachine.

La segunda vez fue mucho más de cerca. En un viaje a Silicon Valley el año 2008 junto a Tomás Pollak y a mi socio Francisco Sandoval, aprovechamos que teníamos un conocido trabajando al interior de los cuarteles generales de Apple en Cupertino y le pedimos que nos hiciera un recorrido por las instalaciones. Como podrán imaginar por el famoso nivel de secretismo que maneja esa compañía, el tour con suerte incluyó el patio central y la cafetería. Nuestro anfitrión y los guardias de seguridad en la entrada de la compañía nos habían advertido que si nos encontrábamos con Jobs, no intentáramos dirigirle la palabra. Como era de esperarse, ni lo vimos al interior de Apple. Pero después de completar el recorrido y despedirnos de nuestro amigo, estábamos parados afuera tomando unas imágenes cuando de repente vemos una flaca figura vestida de camiseta negra y jeans acercarse hacia nosotros. Reconozco que fue tanta mi sorpresa al darme cuenta era el mismísimo Steve Jobs, que no fui capaz de reaccionar en esos breves segundos. Al menos Tomás atinó a decirle “Hi Steve” mientras pasó frente a nosotros, a lo que Jobs simplemente respondió “Hi” mientras caminó hacia su auto.

Steve Jobs murió dejando a Apple como la empresa más valiosa del planeta, superando a todos los bancos y a todas las petroleras, no puede haber mayor satisfacción para un emprendedor. Pero ahora las inevitables preguntas sobre el futuro de Apple inundan las redes. La última vez que Apple estuvo sin Jobs, casi desaparece. En mi opinión, Apple hoy está en una posición muy diferente, dónde la mayoría del equipo trabajó junto a Steve durante más de 14 años. Su visión está impregnada en cada pequeño detalle con los que obsesionaba. No habrá otro Jobs, así como no hay otro Bell o Tesla. Quizás Apple pierda algunos de esos detalles que sólo Jobs veía, pero todavía le quedan muchos años promisorios siendo liderada por el equipo de personas que el armó. Sin contar que nunca podrá perder el hecho de ser la compañía que, desde sus inicios, ha sido fuente de inspiración para todo el resto de la industria tecnológica.

La influencia de Steve Jobs estará siempre presente en todo tipo de productos y servicios, de la tecnología a la música, del cine a la educación. Su perdida hace que el mundo de la tecnología se haga un poco menos emocionante. Soy de los que gozaba tratando de imaginar cual sería la próxima “One more thing…” que se traía entre manos. Pero al menos podremos contarle a nuestros nietos que nos tocó vivir en el mundo en que Jobs habitaba. Lo vamos a echar de menos. Para mi siempre será un genio, un visionario. Uno de los que pensaba diferente.


Esta columna fue publicada originalmente en FayerWayer.

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