La historia del tenedor

Mi mujer siempre dice que la historia no se repite, pero rima (y tiene toda la razón).

En un momento de la historia, era universalmente aceptado que el tenedor había sido creado por el mismismo demonio.

Los primeros registros del uso del tenedor aparecen antes del siglo 8 y se sabía que la emperatriz bizantina Teófano Skleraina sorprendía y escandalizaba a sus invitados del Sacro Imperio Romano Germánico con este bizarro artilugio. Pero no fue hasta el matrimonio de una princesa también bizantina con el Dux de Venecia en el año 1005 AD que se desató la absoluta demonización del dispositivo.

La República de Venecia en este momento histórico era el punto más globalizado del mundo conocido, dónde se cruzaba el mundo occidental con el oriental. Pero aún así, cuando llegó esta princesa a comer con sus tenedores de oro, los miembros de la corte se sintieron humillados por estar comiendo con la mano. Esto sumado a la amenaza de una invasión cada vez mayor de costumbres bizantinas, hizo que fueran a buscar auxilio con los sabios de la época; los clérigos.

“El alimento es un regalo de Dios. Utilizar un instrumento artificial para llevarlo a la boca, implica que no es digno de ser tocado.– Clérigos de Venecia, 1005 d.C.


Esa declaración — que quedó registrada en los libros de historia — ilegalizó el uso del tenedor atrasando su adopción por varios siglos. Eso sumado al hecho que esta princesa murió de peste bubónica, lo que confirmaba que Dios la había castigado por desafiarlo con un tenedor.

Las primeras imágenes de Satanás con una horca o tridente aparecen ese mismo siglo.

De hecho no fue hasta 1600 AD que se empezó a masificar su uso y fue en la propia aristocracia de Italia, cuando se dieron cuenta que este demoníaco invento era mucho más higiénico y práctico para comer sus tradicionales pastas que los palos que usaban hasta la época.

El fin del mundo como lo conocíamos

Desde mucho antes que la irrupción del tenedor hemos estado aterrorizados por los avances tecnológicos, demonizando todo lo que es nuevo o diferente. ¿Se imaginan la primera vez que la humanidad se enfrentó al fuego? A mi hasta el día de hoy me parece brujería.

(Si no se lo puede imaginar, en Caveman de 1981 hay una muy buena reconstitución histórica protagonizada por Ringo Starr y Dennis Quaid.)

Recién hace una semana me tocó estar en el Mobile World Congress en Barcelona, dónde Samsung se convirtió en la primera marca en presentar las primeras imágenes de su nuevo producto, exclusivamente en realidad virtual, de forma simultánea y masiva.

La situación la podemos ver en la evidencia a continuación.

Lanzamiento Galaxy S7 con Gear VR en Barcelona
Se acabó la civilización como la conocíamos ahora que puedes comprar un “casco” de realidad virtual por menos de $100 dólares en 2016. (cc) Leo Prieto.

Obviamente la corte del presente — las redes sociales — reaccionaron indignadas porque esta horrorosa aberración nos hará antisociales.

En esta foto del 'Subway' de Nueva York el 22 de marzo de 1981, podemos ver el momento exacto en que comienza el fin de la civilización como la conocíamos con la introducción del Sony Walkman. © Dick Lewis/NY Daily News via Getty Images.
En esta foto del ‘Subway’ de Nueva York el 22 de marzo de 1981, podemos ver el momento exacto en que comienza el fin de la civilización como la conocíamos con la introducción del Sony Walkman. © Dick Lewis/NY Daily News via Getty Images.

Por suerte tenemos al tenedor y sabemos que la historia no es tan así.

Aunque en realidad el fin de la civilización como la conocíamos, vino con la invención de la imprenta — demostrado como ejemplo con esta foto tomada siglos después por Stanley Kubrick para la revista LOOK en 1946. © Stanley Kubrick/LOOK.
Aunque en realidad el fin de la civilización como la conocíamos, vino con la invención de la imprenta — demostrado como ejemplo con esta foto tomada siglos después por Stanley Kubrick para la revista LOOK en 1946. © Stanley Kubrick/LOOK.

Lo que yo rescato de la historia del tenedor, es que a veces hay que comer con las manos.

Aceptar el tenedor no significa que todos debamos hacer todo siempre con un tenedor — mantenerlo lejos de mi pizza, gracias — pero no por eso hay que demonizar al dispositivo.

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