Bye, Bye, Bill

Con lágrimas en los ojos, después de haber liderado durante 33 años la empresa más grande de software que jamás haya existido, Bill Gates se despidió de sus empleados y apagó la luz de su oficina por última vez.

Al escribir ese párrafo, hasta yo me emociono. Parece que en las despedidas, todos olvidamos nuestras diferencias y alzamos las banderas blancas.

Bill Gates será recordado como el emprendedor más exitoso de todos los tiempos, el mismo que en 1999 llegó a tener un patrimonio de más de $100 mil millones de dólares — casi el doble del PIB que tuvo Chile ese año. Pero también será recordado como el mayor villano tecnológico de la historia, a raíz de las prácticas monopólicas de Microsoft, la fuente de su fortuna.

No cabe duda que Bill Gates es un genio. En la prueba para ingresar a la universidad, el SAT estadounidense, Gates obtuvo 1590 puntos de un máximo de 1600. A los 13 años tenía permiso para faltar a clases de matemática, para dedicarse a programar BASIC en el único computador de la escuela. Luego le suspendieron el permiso cuando descubrieron que estaba hackeando el sistema para inscribirse en las clases con las chicas más lindas. Todo esto en un año que los computadores eran gigantescas máquinas complejas e Internet ni siquiera era una idea.

No cabe duda que Bill Gates es un visionario. Muchas de sus predicciones han fallado, pero a la más importante le dió en el clavo. Mientras algunos altos ejecutivos tecnológicos dudaban del éxito de los computadores personales, Bill no iba a descansar hasta que hubiera un computador en cada escritorio y en cada hogar. Incluso Steve Jobs ha dicho que Gates fue uno de los primeros en entender que el secreto estaba en el software.

No cabe duda que Bill Gates es un gran hombre de negocios. Cuando IBM lo contrató para desarrollar el sistema operativo del primer IBM PC, Gates insistió en cobrarle sólo US$80.000 por el desarrollo y mantener los derechos sobre DOS. Ese mismo DOS luego se lo vendería a todos los otros fabricantes que, tal como anticipaba, iban a llegar.

Pero ser un hombre de negocios genial y visionario, viene acompañado de la envidia y muchos enemigos. Especialmente cuando sus prácticas de negocios hicieron que Microsoft lograra una posición dominante y abusara de ella con prácticas monopólicas. Sin contar que cuando la creatividad le faltó, no dudó en copiar las buenas ideas de otros. Demandas no le faltaron.

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¿El difícil emprendimiento en Chile?

El fin de semana me encontré con una columna en el diario que tenía el mismo título que encabeza este post — sólo que en forma de declaración en vez de interrogación. Obviamente, todo lo que incluye “emprend…” en el título me llama la atención. Pero lo que me hizo empezar a leer fue la siguiente cita, destacada en el periódico:

“El sistema poco competitivo de muchas de nuestras áreas de negocios hace muy lejana la visión del éxito para la juventud. Aquí nadie cree posible quitarle el bastón de mariscal a los que ya existen.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Al ser un emprendedor, te toca relacionarte con muchos otros emprendedores. Quizás por eso la muestra de mercado que manejas comprueba que hay muchos que creemos posible quitarle el bastón de mariscal a los que ya existen, o ir a plantar una bandera dónde nadie ha llegado. Pero definitivamente no es un reflejo de la realidad.

No puedo estar más de acuerdo con su frustración por la imagen negativa que tiene en Chile ser exitoso económicamente. Siempre me ha parecido ridículo. Hasta China tiene una visión más capitalista que Chile. Allá su himno nacional los incita al progreso, al trabajo y al éxito económico — hacerse ricos. Los empuja a emprender.

Destaco de su columna y concuerdo con que la responsabilidad no es sólo del Estado — aunque el SII es un monumento a la burocracia. Cada día creo que el Estado debe ser más pequeño y eficiente.

También concuerdo que las grandes empresas son abusivas y menos humanizadas. Pero creo que esa ineficiencia y mal servicio, incitan más a desarrollar una alternativa más justa y mejor, que a frenar el emprendimiento. Algunas veces creando cooperativas de emprendedores que les pueden hacer el peso.

Eso si, a mi parecer la materia prima de la innovación en Chile es considerable y se está renovando con cada generación. Me toca trabajar con jóvenes que aún están en el colegio y ya tiene pequeños proyectos comerciales, proyectos de tiempo libre pero con gran potencial. Yo mismo empecé a trabajar a los 16 años, en el colegio, tal como lo hicieron algunos de mis amigos. Pero entiendo que su declaración es más una invitación a demostrar de que somos capaz, que una falta de conocimiento por lo que está sucediendo en otros colegios y universidades — especialmente en industrias que no involucran nuestros recursos naturales.

A continuación, los invito a leer la excelente columna de opinión publicada por César Barros en La Tercera, economista y presidente de SalmonChile, la asociación de productores de salmón de Chile.

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Where is Chile?

En mi columna anterior hablé sobre “Santiago Valley”, y como estamos viendo que Chile se está convirtiendo en un foco de desarrollo tecnológico. O al menos desde aquí, eso es lo que parecía.

Poco después que escribí la columna donde me referí a varios emprendimientos tecnológicos locales, partí a Silicon Valley junto a los integrantes de algunos de esos proyectos. Los gastos de varios de ellos fueron financiados por Corfo en una “misión empresarial”, yo partí por mis propios medios debido a las torpezas de Corfo… pero eso es material para otra columna.

Estando allá se me abrieron los ojos y me di cuenta que aunque creemos estar cerca de ser un actor global relevante en el ámbito tecnológico, en realidad estamos muy lejos de lograrlo.

Aunque estando en Chile, escuchas y conoces a proyectos en internet que son líderes regionales y mundiales en sus áreas, sales del país y pocos han escuchado de ellos. Con suerte en América Latina y el Caribe algo saben de nuestro “liderazgo tecnológico”. Pero te embarcas hacia Estados Unidos y la ignorancia sorprende.

Para los empresarios tecnológicos en Silicon Valley — el corazón del desarrollo tecnológico mundial — América Latina se puede resumir en México, Brasil y Argentina. Del primero saben menos de lo que uno espera, considerando que un 15% de sus habitantes provienen de ese país. De Brasil saben que es grande y al menos saben dónde queda Argentina. Tuve la oportunidad de reunirme con inversionistas de un importante banco de inversión que me sorprendieron al preguntarme “Where is Chile?”. Un mal primer paso cuando estas buscando capital extranjero para proyectos locales.

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Santiago Valley

En 1996 hice mi primer proyecto en internet. Se llamaba “The Macintosh Collection” (TMC) y era un directorio en inglés de links sobre temas Mac, creado en la misma época que Yahoo! estaba en pañales y los “buscadores” no existían. Recién se empezaba a hablar del potencial comercial de internet y se oían historias de inversiones millonarias en un mítico lugar de California llamado Silicon Valley.

TMC tuvo una vida breve y de cuestionable éxito. Recibió más de 2 millones de hits (la medida utilizada en la época) durante su primer año. Más que Yahoo en su primer año. Pero en América Latina, la World Wide Web era la parte desértica del lejano oeste, esa dónde se escuchaba de la fiebre del oro, pero no se veía nada brillante. Uno que si encontró oro, fue el argentino Wenceslao Casares, demostrando que por estos lados también había. Yo estaba en el colegio y mi proyecto nunca lo considere más que un pasatiempo que murió antes que yo entrara a la universidad.

Pero a finales de los noventa el panorama empezó a cambiar. Todos los días se escuchaba de nuevos proyectos en internet, transacciones de miles de millones de dólares por compañías que sangraban dinero y exhorbitantes aperturas en bolsa por empresas con pocos meses de vida. Eso junto a la cercana historia de Casares, hizo que en Chile varios se embarcaran en proyectos “puntocom”.

Tanta era la demanda que renuncié a la universidad y fundé mi primera compañía en 1999, ImageMaker Studios, vendiendo palas y picotas para los arriesgados que andaban buscando oro. Vimos a muchos cortar carreras en grandes corporaciones y ponerse el gorro de emprendedor, tomando el riesgo de innovar en un terreno desconocido. Hasta Cecilia Bolocco invirtió millones lanzando su propio portal. Debería saberlo, lo construimos nosotros.

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Ministerio de Tecnología, Chile

Transantiago. Una palabra que causa dolores de cabeza a quién la escuche. Sinónimo de mala gestión, mala coordinación y mala implementación. Excusa predilecta para el atraso de otros compromisos del Gobierno. Utilizada recientemente por el vocero Vidal cuando anunció el atraso — por quinta vez — de la definición de la norma de televisión digital en Chile: “No queremos otro Transantiago”.

Un problema para un tercio del país, pero que tiene los recursos tomados de un ministerio que también debe preocuparse de problemas que afectan al país completo.

Mucha gente olvida que el Ministerio de Transportes también es el de Telecomunicaciones (MTT).

El Ministro Cortázar debe preocuparse de los recorridos de las micros por Santiago, pero también de la banda ancha, de los celulares y de la televisión. Pero no de los computadores en los colegios ni la alfabetización digital, eso es responsabilidad del Ministerio de Educación. Tampoco del desarrollo de la industria nacional de tecnologías de información, ni las políticas de software libre, ni la agenda digital en general, eso es responsabilidad del Ministerio de Economía. Tres, no uno, deben coordinar proyectos con recursos designados por el Ministerio de Hacienda.

¿Quién se hace cargo de la tecnología en Chile? Un ministerio que entiende del tema pero anda distraído por otros problemas, y dos ministerios que no entienden nada del tema y andan tomando las decisiones equivocadas. En resumen, nadie.

Tenemos la banda ancha más cara y lenta de los 30 países de la OECD — sin mencionar que lo que se ofrece en Chile ni siquiera es considerado “banda ancha” por la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Sólo uno de cada cinco hogares en Chile tiene acceso a internet. Sólo hay un computador por cada 30 niños en el sistema educativo.

En vez de promover estándares abiertos y software libre en las instituciones públicas — como lo han hecho Japón, Noruega, Holanda, Francia y hasta Brasil — el Ministerio de Economía firma acuerdos totalitarios con un sólo proveedor, Microsoft. El Ministerio de Educación anunció hace un año la compra de 240.000 computadores tradicionales antes del 2010, cuando podría comprar un millón, si eligiera alternativas como el OLPC o Classmate. El MTT lleva 7 años analizando y estudiando cual norma de televisión digital terrestre se aplicará en el país y acaba de aplazar la decisión por tercera vez en un año — mientras Uruguay y Brasil ya han comenzado transmisiones.

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Una nación de adictos a Windows

Esta fue una columna que salió publicada en la nueva revista chilena “Poder & Negocios”.

En Chile, como en varios otros países del mundo, sufrimos una triste enfermedad. La mayoría de nuestras empresas, tanto públicas como privadas, y algunos de nuestros ciudadanos, están sumidos en una profunda adicción a Windows.

Siempre me ha impresionado entrar a las oficinas de una empresa, y ver todos y cada uno de sus cientos de computadores funcionando con el sistema operativo de Microsoft. Entrar a una municipalidad, banco, registro civil, hospital, colegio, tienda o ministerio y ver que todos sus sistemas se basan en productos de esta compañía.

Al tratar de utilizar la página web del SII, te encuentras que está preparada únicamente para Microsoft Internet Explorer. La propia Presidencia sólo entrega sus discursos en formato Windows Media Player, y sus documentos en formato Microsoft Excel. La SUBTEL exige que los documentos de sus licitaciones sean entregadas en formato Microsoft Word. Lo mismo sucede con los servicios y sitios web de grandes tiendas, empresas de telecomunicaciones, y servicios diversos: Si no eres dependiente del ecosistema Microsoft, como ellos, no puedes participar.

A los adictos les gusta atraer más adictos. Cualquiera que se quiera liberar es discriminado.

Ojalá cualquier otra empresa tuviera semejante apoyo y promoción de sus programas. Ojalá una empresa chilena. Pero sólo Microsoft tiene esa suerte. Carretillas de nuestros pesos chilenos se convierten a dólares y exportan a Estados Unidos, sólo un monto simbólico se queda aquí.

No tengo problemas con la compañía en sí. Me parece que tiene algunos productos fenomenales como la consola Xbox 360, o sus teclados y ratones. Pero en todos los otros ámbitos, las alternativas, especialmente algunas nacionales, son mejores que la droga popular.

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¿Quién se hace cargo de la tecnología en Chile?

Después de mucho tiempo publicando casi exclusivamente cosas personales en este blog, finalmente tengo un poco de tiempo para retomar conversaciones pendientes. Como ésta. Es larga e intensa, y críticamente seria.

No es sorpresa para nadie, que, como a muchos otros, me desvela el estado de ciertos temas tecnológicos en Chile. Leo, oigo, y veo como Chile tiene fama de ser el líder tecnológico de “la región”. Un estandarte que el Gobierno y las grandes compañías aman portar.

Durante mucho tiempo eso me llenaba de orgullo. Que mi obsesión, se haya convertido justamente en la fortaleza de mi país. Que de una vez por todas el cobre, el vino, y el salmón le dieran cabida a otra fama nacional (y que no es recurso natural): La tecnología.

Conectividad y Computadores

Pero es una ilusión. Es cierto que históricamente hemos llevado la delantera en varios temas, que lideramos muchos rankings, y que no todo lo hemos hecho mal. Pero estos últimos años al seguir de cerca varios temas, me doy cuenta que estamos haciendo poco y nada por merecer esta fama. Lo que es peor, en varios de esos rankings vamos cayendo rápidamente, y cuando miramos más allá de “la región” y nos comparamos con los líderes mundiales, nos damos cuenta lo lejos que estamos.

Tampoco es sorpresa para nadie, lo seriamente que me tomo el problema de la banda ancha. Hace poco nos juntamos a comer con Wenceslao Casares, y el me corrigió, diciendo que el problema era la “conectividad”. Tiene razón, el problema efectivamente es la conectividad. Conectividad, hoy, significa banda ancha. Una banda ancha que abre puertas y ventanas para que especialmente las zonas rurales estén más cerca del resto del mundo. De los trabajos, de la cultura, de la salud, de la educación; más comunicados y más informados.

Si no ayudamos a todos los niños a acercarse a la sociedad de la información, en el futuro todo Chile va a terminar siendo un espectador.

No voy a profundizar una vez más sobre el problema de la banda ancha en Chile, sobre eso ya he escrito bastante. Esta vez quiero llegar un poco más lejos.

La educación está en problemas. Problemas tan grandes, que ni siquiera soy capaz de comenzar a comprender la mayoría de ellos. Pero si comprendo una cosa (que obviamente no es la solución a los demás problemas): Faltan más computadores. Un computador por niño es el sueño. Niños que el 2030 van a estar manejando este país. Sus instituciones públicas y privadas.

Chile, como varios países de Latinoamérica, tiene una gran brecha socioeconómica. Jóvenes criados con recursos económicos que les permiten tener un computador en casa conectado a internet, y así acceder a información y estar comunicados con el mundo entero. Mientras todavía existen niños que viven en pueblos donde ni siquiera llega el teléfono, sin contar los que viven en centro urbanos cerca de todo, pero que no cuentan con los recursos para acceder a ellos. Esos niños van a terminar siendo espectadores del nuevo mundo, y la brecha va a ser cada vez más grande.

Si no ayudamos a todos los niños a acercarse a la sociedad de la información, en el futuro todo Chile va a terminar siendo un espectador.

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¡Adiós, papel!

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Mi última columna. Snif.

Este martes salió publicada mi última columna (número 18) en el diario La Nación. La decisión de dejar de tener una columna de opinión fue mia (y en esta columna creo explicarla, aunque básicamente es por tiempo, ni siquiera he podido publicar con calma aqui mismo!). Al final de la misma, hay links a mis columnas favoritas. Muchas Gracias Miguel, Rodrigo y La Nación!

Esta semana no voy a hablar de banda ancha ni software libre. Tampoco voy a opinar sobre cómo están cambiando nuestros hábitos de consumir información, ni sobre la libertad de la información. No, el titular de esta columna no se refiere a un avance tecnológico que nos permitirá salvar árboles (aunque sería alucinante). Ésta es una despedida, de esta columna y este diario.

A principios de año, cuando mi amigo Miguel Paz (de este diario) me contó que Rodrigo Quiroz (editor de Cultura) estaba interesado en que yo escribiera una columna de tecnología, mi felicidad no podía ser mayor. A veces leía a otros columnistas y sentía que no hablaban de temas que yo estaba leyendo. Así que hace un par de años ya venía con ganas de tener mi propio rectángulo en algún diario, mi propia “columna”. Una donde al menos no supusieran que sólo existe Windows.

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Tu TV

Esta es mi columna número 17 que salio publicada en el diario La Nación. Para algunos sonará familiar:

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Te pasas todo el día trabajando, llegas a la casa a las 8 ó 9 de la noche, prendes la televisión para entretenerte un rato y siempre es lo mismo. De 8 a 9, las telenovelas. De 9 a 10, las noticias y de 10 a 12 los estelares. Si no estabas viendo Canal 13 justo a las 7 pm mientras lo transmitían, te perdiste “Los Simpsons” y no hay vuelta atrás.

¿A alguien más le suena ilógico este sistema? Internet nos quitó los horarios. Descubrimos que podíamos leer sobre Egipto a las 7 de la mañana, o a las 7 de la tarde. Cuando nosotros quisiéramos. Luego prendemos la televisión y estamos forzados a ver lo que ellos quieren a la hora que ellos quieren entregarla. ¿Ver “Los Simpsons” a las 9 pm o a 9 minutos para las 6 am? Imposible.

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Patentes y Copyright II

Es ideal que hayas leido la primera parte antes de leer esta (especialmente si vas a comentar). Esta es mi columna número 15 que apareció publicada en La Nación:

mexicana-copyright-2.jpgEn la primera parte de esta columna, nos planteamos la siguiente pregunta: En un mundo digital, donde hacer copias de bits tiene un esfuerzo y un costo casi cero ¿Siempre es ilegal copiar cosas con Copyright o Patentadas?

Adivinaste. Lamentablemente, casi siempre, sí. En el mejor de los casos, todo lo que debes hacer es pedir permiso. Pero trata de imaginarte llamando a Chilevisión (CHV) para hablar con quien sea el responsable para pedirle permiso para copiar uno de sus programas y enviárselo a tu hermana que está en Londres. Por esta razón, la mayoría de nosotros prefiere simplemente copiar el programa y dejar a nuestra hermana feliz, aunque sea cómplice de un crimen.

Lo extraño es que CHV no cobra por su señal abierta (cualquier chileno con televisión la puede sintonizar), por lo que no le debería importar que yo haga un “desplazamiento de tiempo y lugar” de su programa, sin cobrar ni ganar un peso. Desde mi punto de vista, CHV debería fomentar esto, es más, debería subir todos sus programas a Internet para que sean bajados libremente, desde cualquier parte del mundo, sin costo alguno.

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