Teme Algoritmos, No IA

Teme Algoritmos, No IA
En una visión de la "Computopia" de 1969, publicada en la revista japonesa Shōnen Sunday, los estudiantes se enfrentaban a tutores robóticos listos para imponer la disciplina con un certero golpe en la cabeza. (Crédito: 週刊少年サンデー, Shōnen Sunday, 1969)
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Read in English: Fear Algorithms, Not AI.

Durante años cerraba casi todas mis charlas con la historia del tenedor. En el año 1000, Venecia lo prohibió. El tenedor era una amenaza para la humanidad, una ofensa contra la mano que Dios nos dio. La prohibición duró 500 años.

Era mi ejemplo favorito de cómo siempre creemos que el fin de la humanidad está a la vuelta de la esquina, y que la culpa es nuestra. Cada generación tiene su tenedor. La imprenta. La novela. La bicicleta, que iba a arruinar a las mujeres. La televisión. Los audífonos. Los videojuegos.

Pero no ahora. No con la IA. Esta vez es de verdad.

O no.

Mañana

Si es de verdad — si la IA va a volver inútiles a los humanos, de a poco y luego de golpe, Porque Puede™ — entonces la jugada es obvia: construir las herramientas primero. Quien las construye, las controla. Así que alimentemos la construcción. Ganemos la carrera. Convirtámonos en los amos que, de a poco y luego de golpe, se apoderan de todo.

En la historia de nuestra humanidad, nunca habíamos invertido tanto en tan pocos.

Ni la circunnavegación. Ni los ferrocarriles. Ni el telégrafo. Ni la fiebre de la fibra óptica del cambio de milenio. Ni siquiera la carrera armamentista de la Segunda Guerra Mundial.

La concentración de capital y de energía literal en un solo desarrollo nuevo — que puede o no, salvar o no salvar, a la humanidad de algo que ni siquiera sabemos bien qué es, pero que va a pasar, y muy pronto — no tiene precedentes.

Así que nos concentramos en esto, y todo lo demás espera. La educación es tan fundamental que puede esperar un par de generaciones más. Y si algún día echamos de menos los humedales, la SuperInteligencia AGI™ Ultra Max nos construirá unos más rápidos y baratos. ¿Cierto?

Imagina poner ese nivel de concentración global en arreglar un problema real, de verdad. Soñar no cuesta nada.

Ayer

El miedo que de verdad deberíamos tener es más antiguo, más silencioso, y ya está aquí.

Nos gobiernan algoritmos desde hace muchísimo tiempo. No todos son malos. Los calendarios son algoritmos. El lenguaje también. La cosecha también. Nos ayudan a organizarnos, a recordar, a construir cosas juntos. El problema es lo que hacemos con ese mismo talento cuando lo apuntamos a los centros de recompensa de nuestro propio cerebro.

El tenedor nunca fue peligroso. Tampoco la novela, ni la televisión, ni los videojuegos. Pero cada uno nos enseñó a alimentar la misma hambre un poco más rápido. Hoy es un rectángulo en el bolsillo que ha optimizado la dopamina al punto de que solo necesitamos deslizar el pulgar para ser felices por horas.

Perdón, eso fue grosero. A veces también damos un tap o dos. Un corazoncito — ¿no es hermoso? — y unas letras, y emojis tiernos.

Ese es el algoritmo que me da miedo.

Hoy

Desde hace tiempo que cuesta comunicarse, informarse o terminar una tarea sin que algún algoritmo intente retenerte más de lo que deberías quedarte, y de ser posible, que te distraigas y pagues.

Todo nuestro sistema financiero es una compleja red de algoritmos que intentan optimizar la recompensa. Con los de los mercados financieros como los únicos que tratan cada microsegundo como si fuera de vida o muerte (spoiler: no lo es), arrastrando al resto de la economía a un ritmo que es totalmente falso.

Nuestra necesidad de velocidad es falsa.

Y esto no es solo digital. Hay ejércitos de humanos repartidores en bicicletas y scooters donde cada tarea la asigna un algoritmo. Haces un pedido y el precio cambia mientras lo observas, no porque el mundo cambió sino porque el algoritmo notó que revisaste dos veces. Hoy. No el próximo trimestre. Y no corre sobre ningún Mythos capaz de doblar el mundo.

Eso es lo que debería tener nuestra atención. El presente. Lo que está justo frente a nuestras narices. No un constante nuevo futuro, distinto de todos los futuros pasados, porque esta vez, de verdad, sí, por fin, la humanidad enfrenta una catástrofe inminente, sin precedentes, inevitable, a la vuelta de la esquina. Así que sigamos haciendo doble tap hacia el futuro, porque hoy pronto será ayer.

Eso da miedo.

Pero nada de esto es inevitable.