Todo Eléctrico
Una vez que entiendes que la electricidad hace el mismo trabajo mejor, la combustión deja de tener sentido. Esto es lo que aprendí 10 años después de cortar el gas.
Una noche, prendiendo fuego con mi cuñado Antonio Sánchez (PhD de ETH Zürich, el tipo de persona que te explica algo y después no puedes des-entenderlo), me enseñó que cada vez que usamos fuego para cocinar, calentar agua o iluminar una pieza, estamos desperdiciando la mayor parte de la energía en calor que no necesitamos. Que las máquinas correctas, como cocinas de inducción, bombas de calor, LEDs, hacen las mismas tareas con una fracción de la energía. El problema no es el fuego. Es usar fuego donde la electricidad ya es la mejor herramienta.
La termodinámica es más complicada que eso, pero la dirección era correcta. Y a mí me bastó para tomar la decisión más drástica y peor ejecutada de mi vida doméstica: cortar la línea de Metrogas y hacer toda la casa eléctrica en 2015.
Todo. Calefacción, agua caliente, cocina, horno. De un día para otro, el gas desapareció, y mi recién nacida Olimpia tenía 1 mes.
Evi casi me mata. Santiago tuvo su peor nevada en más de una década, el corte de luz fue masivo y duró días, y adentro de la casa había 14 grados. Sin gas, sin calefacción, sin agua caliente, sin cocina. Catorce grados y bajando, con cara de "te lo dije" iluminada por la linterna del celular. No es el mejor momento para estar innovando con fuentes de energía.
La pieza que faltaba
Años después nos mudamos a Frutillar, 1.000 km al sur de Santiago — más nublado, más lluvioso, y una prueba mucho más difícil para una casa todo eléctrica.
El error no fue electrificar la casa. El error fue electrificarla sin respaldo. Si tu único proveedor de energía es la red eléctrica y la red se cae, no tienes casa — tienes un edificio frío con electrodomésticos decorativos.
Lo que quedó claro esa noche: si vas a ser todo eléctrico, necesitas baterías. Y si el objetivo es eliminar combustibles fósiles — que en mi caso lo era — las baterías son el componente más caro pero también el más importante de todo el sistema.
Lo que aprendí después es que no necesitas resolver todo de una vez. Un UPS para el refrigerador y el router cuesta poco, mantiene lo esencial funcionando durante un corte, y sigue siendo útil cuando eventualmente instalas un sistema de baterías más grande. No es tirar plata: es empezar.
Donde la ecuación se da vuelta
Los paneles solares se han vuelto tan buenos y tan baratos que la pregunta ya no es "¿cuántos necesito?" sino "¿cuántos me caben?". En días soleados vas a producir más de lo que consumes — pero eso no es un problema, es una ventaja: inyectas el excedente a la red o la usas como batería virtual. En días nublados — que en Frutillar son la mayoría — agradeces cada panel extra, porque el 1% de eficiencia multiplicado por muchos paneles sigue cargando tus baterías.
Hoy tenemos 22 kWp en paneles solares y 33 kWh en baterías de litio. Tengo espacio para más, pero rara vez tenemos cortes prolongados, y el net metering resulta ser la batería definitiva.
La bomba de calor es nuestra fuente principal de calefacción y agua caliente — con termos eléctricos como respaldo. Cocina de inducción, horno eléctrico. Y un cargador inteligente para los vehículos eléctricos que regula su consumo según la corriente disponible que no está usando la casa. El auto se carga con lo que sobra, no con lo que falta.
Hace un año sumamos el auto eléctrico, y con eso se cerró el círculo. Diez años después de cortar el gas, los combustibles fósiles desaparecieron de la vida doméstica.
Bueno, casi. El asado sigue siendo a leña y las cenas con velas siguen siendo con fuego. El fuego se quedó donde siempre debió estar: en lo ritual, no en lo utilitario.
Lo que haría distinto
Compraría las baterías primero. Antes que los paneles, antes que la cocina de inducción, antes que todo. No porque sean más importantes en el largo plazo, sino porque son las que te salvan la noche del apagón — y la noche del apagón es cuando tu familia decide si el proyecto "todo eléctrico" es una idea brillante o una locura peligrosa.
Los paneles pueden esperar un verano. Las baterías no pueden esperar un invierno.
Diez años después
Antonio tenía razón, aunque la razón fuera más complicada de lo que entendí esa noche. El fuego no es ineficiente por naturaleza — es que hoy existen máquinas que hacen el mismo trabajo mejor. La bomba de calor no quema nada y entrega tres veces más energía de la que consume. La inducción calienta la olla, no el aire alrededor. El LED convierte casi toda su electricidad en luz, no en calor.
El sistema funciona. No porque sea perfecto, sino porque cada componente cubre la debilidad del otro. Los paneles generan, las baterías almacenan, la red respalda, y el net metering cierra la brecha.
Es un ecosistema, no una solución.
¿Vale la pena? Después de diez años, un auto eléctrico, un matrimonio que sobrevivió los 14 grados y cero facturas de gas: sí. Pero si me preguntan cuál fue el momento en que realmente supe que funcionaba, no fue cuando llegaron los paneles ni cuando se llenaron las baterías. Fue la primera vez que se cortó la luz en el barrio y en mi casa siguió todo funcionando.
El fuego sigue prendido en la parrilla con Antonio. Pero ya no calienta el agua.