Homo Deus (2016)
Harari mira mil años hacia atrás con una precisión envidiable, y mil hacia adelante con una regla y un lápiz. El problema no es el futuro que describe. Es la línea recta que usa para llegar.
Me lo regaló un amigo que tiene una librería, que es la forma más exigente de recibir un libro: alguien que ve pasar miles al año eligió éste para mí. Lo leí este verano, con el fenómeno todavía caliente. No había leído Sapiens, pero quería entender el entusiasmo desde adentro.
Salí sin él.
La profecía dibujada con regla
La primera mitad es entretenida de verdad. Harari narra bien lo que ya pasó: la agricultura, los dioses, la larga historia de cómo nos convencimos de que nuestros sentimientos eran la última autoridad del universo.
Después toma esa línea y la extiende. Los organismos son algoritmos. Los algoritmos externos nos van a conocer mejor que nosotros mismos. Al final del pasillo espera lo mismo que esperaba desde el primer capítulo: el ser humano vuelto obsoleto.
Predecible. También poco probable. Asume que el futuro es una recta y que la única variable que se mueve es la tecnología. Ningún sistema vivo se comporta así.
El liquen no le pertenece a nadie
Un liquen no es un organismo. Son dos: un hongo que aporta estructura y agua, un alga que aporta azúcar hecha de luz. Ninguno es la herramienta del otro. Separados, ninguno coloniza una roca desnuda.
Seguimos siendo capaces de crear herramientas notables, pero nunca más eficientes que las que hizo la naturaleza. Cincuenta años de fotovoltaica todavía no alcanzan la elegancia termodinámica de una hoja.
El mejor resultado nunca fue el humano ni la herramienta: fue la relación entre los dos — y esa relación va en las dos direcciones.
Eso el libro no lo mira. Harari pregunta qué gana el humano con la herramienta. Nunca qué gana la herramienta con el humano. Gana harto: nuestro uso la corrige, la entrena, la mantiene, decide qué versión sobrevive a la próxima generación. Le llamamos dominación porque nos gusta ser el sujeto de la frase.
Es un libro entretenido, que ya sabía a dónde iba antes de empezar.
¿Quizás la pregunta nunca fue quién queda obsoleto, sino qué se vuelve posible cuando ninguno de los dos funciona solo?